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lunes, 11 de enero de 2016

Jueza suspende extradición de El Chapo; admite amparo

Jueza suspende extradición de El Chapo; admite amparo

Jueza suspende extradición de El Chapo; admite amparo

Jueza suspende extradición de El Chapo; admite amparo
© Proporcionado por Información Integral 24/7 S.A.P.I. de C.V. Jueza suspende extradición de El Chapo; admite amparo

Una jueza federal admitió a trámite un nuevo juicio de amparo con el que la defensa de Joaquín El Chapo Guzmán pretende frenar los dos procesos de extradición a Estados Unidos.
La Jueza Noveno de Distrito de Amparo en Materia Penal del Distrito Federal, María Catalina de la Rosa Ortega,concedió la suspensión a la defensa de El Chapo, quien fue recapturado el pasado viernes en un operativo de la Secretaria de la Marina en Los Mochis Sinaloa.
El pasado 8 de enero, la defensa de Guzmán Loera promovió, un amparo contra cualquier orden o disposición de detener y confinar de todo procedimiento judicial al quejoso, sometiéndolo a violenta degradación e inhumano maltrato.
El abogado Juan Pablo Badillo Soto solicitó también protección judicial contra cualquier acto de incomunicación y maltrato psicológico, físico y degradante al que ha sido sometido con inusitada violencia, reza la demanda de garantías.

jueves, 6 de agosto de 2015

Últimos días de un fotógrafo asesinado en Ciudad de México

Últimos días de un fotógrafo asesinado en Ciudad de México

Últimos días de un fotógrafo asesinado en Ciudad de México

El fotoperiodista Rubén Espinosa durante una entrevista en la Ciudad de México, el 26 de junio de 2015. Espinosa, colaborador de la revista Proceso, fue asesinado junto a cuatro mujeres en un apartamento en la capital del país. Su cadáver fue encontrado la noche del viernes 31 de julio y el grupo defensor de la libertad de prensa Artículo 19 dijo el domingo 2 de agosto que Espinosa al parecer fue torturado antes de que lo asesinaran a tiros. (AP Foto/Luis Barrón)
El fotoperiodista Rubén Espinosa durante una entrevista en la Ciudad de México, el 26 de junio de 2015. Espinosa, colaborador de la revista Proceso, fue asesinado junto a cuatro mujeres en un apartamento en la capital del país. Su cadáver fue encontrado la noche del viernes 31 de julio y el grupo defensor de la libertad de prensa Artículo 19 dijo el domingo 2 de agosto que Espinosa al parecer fue torturado antes de que lo asesinaran a tiros. (AP Foto/Luis Barrón)

MEXICO (AP) — Hasta las 2:13 de la tarde del viernes, cuando el periodista Rubén Espinosa envió un último mensaje a un amigo suyo, todo iba bien.
Se habían puesto de acuerdo para estar en contacto desde que Espinosa decidió autoexiliarse en Ciudad de México. Tuvo que irse de Xalapa, la capital del estado de Veracruz, en el Golfo de México, donde había trabajado durante ocho años, donde han asesinado a 11 periodistas desde 2010 y donde estaba seguro de que su vida corría peligro después de detectar que le seguían.
--"¿Qué onda?", le preguntó su amigo, un fotógrafo de la capital.
--"Salí con una amiga y con un compa. Me quedé en su casa y apenas ahora voy a la mía", le respondió Espinosa apenas un minuto más tarde. Tenía prisa. Iba a trabajar esa tarde.
Fue la última vez que su amigo supo de él. Esa misma noche apareció torturado y con un tiro de gracia junto a cuatro mujeres más en el mismo apartamento del que estaba a punto de irse.
Lo que muchos de sus colegas piensan ahora es que las represalias por las fotografías que Espinosa había tomado en Veracruz le siguieron hasta darle caza en la capital.
El Procurador del Distrito Federal dijo el martes que aún no es posible descartar ninguna línea de investigación. Que todas continúan abiertas. 
Incluida la que vincularía el asesinato de Espinosa al ejercicio del periodismo. Pero también explicó que el robo a una de las víctimas era una de las hipótesis. 
Hay tres sospechosos. Aparecen en la grabación de una cámara de vigilancia que muestra como abandonan el edificio 49 minutos después del último mensaje que Espinosa le envió a su amigo.
Si fueron ellos tuvieron que entrar a la vivienda, reducir a cinco personas que se resistieron, atarlas, torturarlas, abusar sexualmente de alguna de ellas, saquear la casa, buscar lo que estaban robando, meterlo en una maleta y salir caminando tranquilamente del edificio en 49 minutos.
Aunque la investigación llegue a la conclusión de que la masacre no está relacionada con el fotógrafo asesinado, su muerte ha impactado el círculo periodístico de México y a los defensores de los derechos humanos. 
El mensaje que creen haber recibido es que ya no hay lugar en el que refugiarse en uno de los países más peligrosos del mundo para el ejercicio de la libertad de prensa.
Incluso después de llegar a la capital, Espinosa siguió sintiendo que le seguían, que le vigilaban. Contó a sus amigos que un hombre que conocía se le había acercado en un restaurante para preguntarle si era el fotógrafo que había escapado de Veracruz. Que lo mismo le había sucedido una segunda vez, en una fiesta.
Espinosa creció en la capital. Pero se sentía estrechamente vinculado a Xalapa, una pequeña ciudad de provincias intensa desde el punto de vista noticioso y donde había hecho su vida profesional, y en gran medida su vida personal y su visión política. Se había especializado en la cobertura de movimientos sociales.
Veracruz, en la costa del Golfo de México, es un estado productor de café y petróleo. Es también ruta de paso de migrantes que viajan desde Centroamérica a Estados Unidos. El gobierno local está fuertemente armado y hace años que se le acusa de tener vinculación con los cárteles de la droga que controlan el puerto de la ciudad de Veracruz.
Desde que gobernador Javier Duarte asumió el cargo en 2010, 13 periodistas han sido asesinados. Once dentro del estado y dos después de abandonarlo. 
Tres más están desaparecidos según el Comité de Protección de Periodistas, una organización internacional con sede en Nueva York.
Aunque nadie ha podido demostrar que el gobernador tenga algo que ver con la violencia contra la prensa, se le critica por el ambiente negativo para el ejercicio de la libertad de expresión en Veracruz.
Ha acusado a los periodistas de estar relacionados con el crimen organizado. Ha encarcelado a blogueros y amenazado a un fotógrafo con terminar tras las rejas por denunciar la aparición de autodefensas en el estado.
Difunden video de presuntos asesinos de periodista (AFP):
La administración de Duarte siempre ha sido ágil a la hora de achacar los crímenes contra periodistas a motivos personales. 
En tres de los casos de más impacto, con reporteros asesinados tras escribir sobre corrupción, las autoridades dijeron que una murió durante un asalto y otro de una venganza personal.
 En el tercero de los casos se negó a aceptar que la víctima fuera periodista y se escudó diciendo que pluriempleaba como taxista.
Cuando Espinosa abandonó el estado a principios de junio de este año, Juan Mendoza Delgado, otro periodista, murió atropellado por un vehículo cuando llevaba días desaparecido.
Ese es el contexto en el que Espinosa trabajaba para varias agencias de noticias y la revista Proceso, especializada en periodismo de investigación. 
No cubría narcotráfico ni nota roja, los temas más peligrosos que pueden tocarse en México. Pero fotografiar la represión del gobierno a los movimientos sociales puede acarrear consecuencias nefastas.
El cinco de junio fotografió como un grupo de encapuchados con bates de béisbol atacaba a un grupo de estudiantes universitarios. Pocos días después vio a un grupo de hombres extraños frente a su casa. 
Le fotografiaron y le empujaron. Sus amigos le dijeron que se fuera. Y se fue.
Cuando llegó al Distrito Federal estableció contacto con Artículo 19, un grupo que defiende a periodistas y les pidió apoyo. Su amigo le propuso monitorear sus movimientos a través de un sistema informal de mensajes. 
Nunca acudió al mecanismo federal de protección de periodistas del gobierno. La mayoría de los reporteros no confían en que sirva de nada.
Comenzó a recibir terapia psicológica para tratar el miedo y la ansiedad.
No tardó ni una semana en decirles a sus amigos que echaba de menos Xalapa y que quería regresar. Echaba de menos a su pareja, a su perro Cosmos, un cocker spaniel que no se separaría del ataúd el día del entierro de su dueño, su trabajo, su compromiso político.
Pero se le recomendó que no regresara. La muerte de Mendoza atropellado y un fin de semana con 11 muertos en Xalapa no ofrecían una perspectiva demasiado halagüeña.
Espinosa vivía con su familia, al norte de la capital. Pero muchas veces se quedaba a dormir en casa de amigos en el centro. Le daba miedo viajar hasta la casa de sus padres de noche con su equipo fotográfico por temor a que se lo robasen.
Una de las personas con la que se veía a menudo era Nadia Vera, que se había mudado a la capital un año antes y trabajaba en un festival cultural. 
Crítica con el gobierno de Duarte, organizadora de protestas, activista. Había coincidido con Espinosa en marchas contra la muerte de periodistas.
Vivía en un piso compartido con otras tres chicas en la colonia Narvarte, un barrio tranquilo, seguro y de clase media del centro de Ciudad de México. Una de ellas estudiaba maquillaje. Se cree que otra era colombiana pero nadie lo ha confirmado aún.
Sobre las dos de la mañana del viernes, Vera, Espinosa y otro amigo llegaron al apartamento donde estuvieron comiendo y bebiendo hasta el amanecer. 
En algún momento, el otro amigo, no identificado, se fue. El fotógrafo se quedó a dormir y se despertó a la hora de comer. 
Poco antes había llegado a la casa una mujer que trabajaba allí limpiando y una de las compañeras de apartamento de Nadia se había ido a trabajar.
El fotógrafo amigo de Espinosa le envió un mensaje a la 1:58 de la tarde para preguntarle si estaba bien.
"Yo estuve hasta las 6 de la mañana", le decía.
La respuesta llegó en un minuto.
"Yo igual a esa hora terminé. Hoy tengo guardia en la AVC (Agencia Veracruzana de Noticias)", respondió Espinosa a las 14.11
Dos minutos dijo: "ya voy de salida a la calle".
Fue su último mensaje. Eran las 2:13 de la tarde del viernes.
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martes, 28 de julio de 2015

Las colegialas de Japón: su lado oscuro,  El 'Joshi kosei osampo', más conocido como JK, es un perturbador servicio que ofrecen las adolescentes japonesas que, en ocasiones, se convierte en una auténtica pesadilla

Las colegialas de Japón: su lado oscuro, El 'Joshi kosei osampo', más conocido como JK, es un perturbador servicio que ofrecen las adolescentes japonesas que, en ocasiones, se convierte en una auténtica pesadilla

Las colegialas de Japón: su lado oscuro

El 'Joshi kosei osampo', más conocido como JK, es un perturbador servicio que ofrecen las adolescentes japonesas que, en ocasiones, se convierte en una auténtica pesadilla

Una 'colegiala' en una calle de Akihabara. (John Gillespie/CC)
© Externa Una 'colegiala' en una calle de Akihabara. (John Gillespie/CC)

Lisa tenía sólo 16 años cuando empezó a trabajar en Akihabara, uno de los barrios más bulliciosos de Tokio. Como muchas otras chicas de su edad ofrecía lo que se conoce como 'Joshi kosei osampo' (JK), literalmente “paseos honorables con chicas de secundaria”. 
Sus clientes, señores de entre 20 y 80 años, le pagaban entre 40 y 80 dólares la hora, por charlar o invitarla a cenar.
Como explican Jake Adelstein y Angela-Erika Kubo en Vice News, este servicio, aunque está vigilado de cerca por la policía, bordea en demasiadas ocasiones la ilegalidad. 
Muchas chicas se niegan a pasar de dar paseos, charlar o, como mucho, dar un masaje, pero es difícil librarse de la dura y pura prostitución.
Es lo que le ocurrió a Lisa (que oculta su nombre real). Cuando tenía 17 años uno de sus clientes de unos 30 años la llevó a cenar y le ofreció ir a un hotel a cantar karaoke. Le dijo que le pagaría más y que no iban a mantener relaciones. 
Pero cuando llegaron a la habitación cerró la puerta, la acorraló y la violó. Mientras lloraba, el hombre anotó el número de teléfono de la chica y su DNI.
“Me invitó a ir a la policía”, ha explicado Lisa. “Me dijo: 'puedes ir a la policía y decirles lo que quieres, entonces les diré que eres una pequeña puta. 
Que no te pagué por nada y que me estás extorsionando. Entonces irás a una prisión juvenil por ser una prostituta adolescente'. 
Estaba muy furiosa y asustada. Era la víctima, pero tenía razón, no quería llamar a la policía”.

Un fenómeno extendido y de largo recorrido

Aunque no todas las chicas que dan paseos vestidas de colegialas acaban como Lisa, muchas ofrecen servicios que van mucho más allá que una simple charla. Como explica otro redactor de Vice, Simon Ostrovsky, en un perturbador documental grabado en Akihabara, las colegialas ofrecen sus servicios en plena calle. 
Y no es difícil encontrar a muchachas que han acabado vendiendo su sexo antes de cumplir siquiera la mayoría de edad.
Es el caso de una de las muchachas que aparecen en el documental. A los 16 años empezó a trabajar en el negocio del JK porque su madre tenía una enfermedad mental y nadie podía sacar adelante la familia. 
Sus citas pronto se intensificaron y enseguida empezaron a ofrecerle más dinero por nuevos servicios, cada vez más raros, hasta que al final acabó acostándose con sus clientes.
Una chica promociona sus servicios en el barrio de Akihabara. (Taichiro Ueki/CC)
© Proporcionado por El Confidencial Una chica promociona sus servicios en el barrio de Akihabara. (Taichiro Ueki/CC)
Visto desde fuera, mucha gente cree que las chicas se visten de colegialas como parte de un juego de roles. Pero lo cierto es que la mayoría son colegialas de verdad. 
En el vídeo, la chica, que no revela su nombre, explica que nunca tuvo que vestirse para ofrecer sus servicios porque sus clientes prefieren niñas escolares de cara joven; de hecho, los calcetines hasta la rodilla y la falda a cuadros no eran parte de un conjunto cuidadosamente escogido; era lo que llevaba a la escuela secundaria como estudiante de 11º grado.
“No están llevando disfraces”, asegura Ostrovsky. “Están llevando sus uniformes”. Pero esta prostitución infantil encubierta sólo es perseguida en ocasiones excepcionales: hay una comisaría justo al lado de la zona donde las colegialas ofrecen sus servicios.
“Todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie está haciendo nada para evitarlo”, explica el periodista. Y no es un fenómeno nuevo. Fue en los 90 cuando se puso de moda la estética de los colegialas. 
Surgieron bandas de pop formadas por adolescentes vestidas de uniforme –algunas como AKB48 son auténticos fenómenos de masas–, a cuyos conciertos sólo acuden hombres mayores. 
Y el JK se convirtió en una salida fácil para muchas chicas que necesitaban dinero rápido.

Un problema difícil de abordar

“Parte de los motivos por los que existe esta especie de cultura de las Lolitas en Japón es porque hay muy pocas oportunidades para las mujeres”, explica en el documental Jake Adelstein, un periodista estadounidense que lleva décadas trabajando en Japón. 
“Y es algo difícil de evitar. Esta sociedad es una de las más misóginas y sexistas del mundo desarrollado. No me gustaría ser una mujer aquí”. 
El país nipón tampoco se distingue por ofrecer unos servicios sociales muy expléndidos y muchas adolescentes que tienen dificultades monetarias acaban en el negocio para sobrevivir.
Por supuesto, la prostitución infantil no es legal en Japón. El pasado mes de mayo la policía de Tokio arrestó a tres hombres que dirigían un negocio en el que se permitía a los consumidores masculinos ver a adolescentes en ropa interior. 
El problema es que, al permitir servicios como dar paseos o leer el futuro –que son legales– es difícil comprobar que una cosa no lleve a la otra, y muchas de las mujeres que acaban en la prostitución no se atreven a decírselo a nadie.
“Desafortunadamente el problema subyacente es que las mujeres son culpadas por venderse a si mismas”, explica Yumeno Nito, una trabajadora social que trata de sacar a las adolescentes del negocio. “Muchas de estas chicas se han encontrado con el aislamiento en casa o en la escuela una vez que han pasado la barrera”. 

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jueves, 23 de julio de 2015

Joven que sufría 'bullying' por ser fea ahora es una reina de belleza

Joven que sufría 'bullying' por ser fea ahora es una reina de belleza

Joven que sufría 'bullying' por ser fea ahora es una reina de belleza

LONDRES, 13 de junio.- Una joven que era víctima de bullying en su escuela, donde cientos de estudiantes le llegaron a pedir que se matara por ser demasiado fea, ahora es una reina de belleza que lucha contra el acoso escolar.


Hollie Robinson, de 22 años, fue golpeada y abusada física y psicológicamente en la escuela cuando tenía 11 años, relata Daily Mail.

Para evitar ser abusada, Hollie se refugiaba en los baños de la escuela y sufría constantes ataques pánico con sólo pensar en ir a clases.

Debido al abuso del que era víctima, Hollie dice que pensó varias veces en suicidarse.


La joven recuerda un episodio particularmente cruel: una petición firmada por 200 estudiantes donde se leía: ¿Quién piensa que Hollie Robinson debe matarse?

"No puedo describir el infierno que pasé cuando era más joven", afirma. "Cuando comencé la secundaria tenía un gran grupo de amigos pero de pronto todos me dieron la espalda".

Pronto la joven se convirtió en blanco de ataques físicos en los pasillos de la escuela, y comenzó a volver a casa con marcas físicas que ocultaba a sus padres.

Tras dos años de ataques continuos, entre sus 11 y 13 años de edad, finalmente la joven rompió el silencio y les dijo a sus padres, quienes la sacaron inmediatamente de la escuela.

Fue precisamente durante los tres meses que estuvo alejada de la escuela que recibió la nota intimidatoria firmada por 200 estudiantes donde le pedían que se suicidara.

La joven nunca volvió a dicha escuela y decidió entrar a otra donde comenzó a frecuentar a un nuevo grupo de compañeros que le ayudaron a olvidar lo vivido los años anteriores.


Hollie estaba visitando un evento de modelaje a los 17 años cuando fue descubierta por una mujer que estaba reclutando jóvenes para un concurso de belleza.

Aunque la joven dudó en participar en el concurso, la mujer le dijo que esta sería una forma de ganar confianza y dejar atrás lo ocurrido en sus días de secundaria.

Hollie ganó un concurso local en 2009 y otros dos regionales en 2011.


Su éxito en los concursos la llevó a alcanzar la final de Señorita Inglaterra en varias ocasiones, y a finales de este año participará en Señorita Internacional y Señorita Intercontinental.

Ahora, la joven planea organizar su propio concurso: Señorita antibullying, con el que pretende crear conciencia sobre el acoso escolar y recaudar dinero para víctimas.


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